Crónica de la presentación de “Prosperidad sin crecimiento”, de Tim Jackson

Por Marc Pastor i Sanz

El pasado viernes 27 de enero, un nutrido grupo de miembros de EQUO acudimos a la presentación de la primera edición en castellano del libro Prosperidad sin crecimiento“, del economista Tim Jackson (Icaria Editorial – Intermón Oxfam). El acto se celebró en el local de Ecologistas en Acción, que se quedó pequeño para albergar a toda la gente que allí se dio cita. Además del autor, participaron en el acto Toño Hernández (coordinador de educación de Ecologistas en Acción) y Florent Marceselli (miembro de la comisión gestora de EQUO y coordinador de EcoPolítica), así como una representante de Intermón Oxfam, que introdujo brevemente el acto.

Hay que decir que el libro tiene el particular interés de haber sido originalmente un informe encargado por el gobierno británico que, según comentó el autor, parece que no gustó nada. De hecho, la comisión a la que le fue encargado el informe y de la cual el autor formaba parte, ya no existe.

Pues bien, ¿en qué consiste ese concepto de “prosperidad sin crecimiento” que nos plantea Tim Jackson? Según él, el crecimiento económico (concebido en términos de aumento del PIB) sólo proporciona bienestar a la población hasta un cierto límite, más allá del cual deja de tener relación con éste. Una vez adquirido un nivel de ingresos que nos permite cubrir un grado de necesidades deseable, seguir creciendo resulta contraproducente. En cambio, hemos concebido un sistema económico que si no crece sobre la base de la rueda de la producción-consumo-trabajo, se colapsa, lo cual genera si cabe más dificultades de todo tipo. Llegados a cierto grado de crisis, como es el caso en que nos encontramos, su lógica perversa nos deja el dilema de si preferimos un desastre ecológico por sobreexplotación ambiental o uno social debido al paro y la pobreza.

Por eso mismo, Tim Jackson se plantea la necesidad de tender hacia una “prosperidad” que él define como “la capacidad de ser feliz en un planeta finito” y en la cual habría que reconceptualizar nuestro sistema económico. Por ejemplo, ¿es el ser humano completamente egoísta, materialista e individualista? La experiencia nos dice que eso no es del todo cierto, que tenemos un lado altruista y social. Sin embargo, el sistema capitalista se basa en premisas de este tipo. En ese sentido, Tim Jackson propone encontrar un equilibrio en el cual entendamos la prosperidad, no como el aumento de los ingresos y de los sacrificios que hay que hacer para obtenerlos, sino como sinónimo de esperanza, de bienestar social, de participación, de tiempo para dedicar a la familia, las amistades, etc. Es decir, no enfocar la inversión a sencillamente producir más para consumir más, sino devolverle el sentido originario de conservación de las condiciones para producir los bienes necesarios y socialmente deseables.

Ya en el turno de preguntas, se planteó que, lógicamente, para alcanzar ese objetivo de la prosperidad sin crecimiento, haría falta pasar por un proceso de transición. Entre algunas de las medidas que habría que adoptar para conseguirlo, Tim Jackson apuntó varias: una movilización ciudadana como la que han adoptado las asambleas del 15M, propuestas de desarrollo económico local, una mejora de la calidad democrática, un cambio del modelo de vida y consumo, etc. También se planteó, a raíz de una pregunta de nuestro compañero Jorge, un interesante debate sobre la incidencia que la demografía tiene en todo esto, ante lo cual el autor remarcó la importancia que tiene tanto la educación reproductiva como una mínima renta per cápita.

Por último, y a título personal, no puedo evitar comentar que, a falta de leer el libro, no pude apreciar ninguna diferencia significativa entre la “prosperidad sin crecimiento” que plantea Tim Jackson y el “decrecimiento” que desgrana Serge Latouche en un libro como “La apuesta por el decrecimiento“. En todo caso, se diría que quizá el primero tenga una vertiente más pedagógica que elude la provocación intelectual del segundo y la confusión que suele conllevar. De hecho es habitual que la falta de información haga que mucha gente confunda “decrecimiento” con “recesión”, mientras que difícilmente podrían hacer lo mismo con “prosperidad” (aunque sea “sin crecimiento”). Es una idea.