¿Qué hacemos con Valdemingómez?

La ciudad de Madrid produjo 1.372.000 toneladas de residuos en 2017 que van en su mayor parte al Parque Tecnológico de Valdemingómez. Se estima que en 2017 un 47,2% de los residuos fueron al vertedero, mejorando el porcentaje del 60% de 2015; un 22,8% fue a incineración y un 22,44% a preparación para el reciclaje y la recuperación. El porcentaje de materiales recuperados se estima en un 14,52%.

Tenemos un sistema de recogida y tratamiento de residuos muy caro y poco eficiente. La basura se recoge 363 días al año, un lujo que pocas ciudades se pueden permitir, pero tiramos a la basura, es decir al vertedero y a la incineradora, recursos que tienen un valor y necesitamos volver a introducir en el ciclo económico. Estamos lejos de los objetivos marcados por la UE de un 50% de preparación para el reciclaje en 2020.

En 2020 vence el contrato vigente de la Incineradora y los vecinos próximos al Parque Tecnológico, grupos ecologistas o colectivos preocupados por su afección a la salud piden con toda legitimidad un calendario para su cierre. Pero no es posible llevar a vertedero las toneladas que ahora se incineran, por tres razones fundamentales: 
1 .- La vida útil del vertedero tiene un límite y nos acercamos a su colmatación,   
2 .- La UE exige la reducción paulatina del vertido y el Ayuntamiento se arriesgaría a sanciones si no se cumplen los objetivos.
3.- El vertido implica también problemas para los vecinos del entorno en cuanto a los olores y la afección a la salud. De hecho España incumple en lo que se refiere al vertido.

La estrategia que plantea la Economía Circular impulsada por la Unión Europea implica contemplar los residuos como recursos que deben volver al ciclo económico. La primera prioridad sería la prevención, es decir: la reducción de los residuos que generamos.

El mejor residuo es el que no se produce.

Baleares, por ejemplo, ha anunciado la prohibición de bolsas y otros productos de plástico de un solo uso. Francia e Italia han prohibido las bolsas de plástico. Este tipo de medidas son de competencia estatal o en todo caso autonómica y es poco lo que los ayuntamientos pueden hacer.

La siguiente prioridad es la reutilización, por ejemplo con los envases y vajillas retornables y reutilizables frente a los de usar y tirar o con el fomento de la reparación.

La tercera prioridad sería el reciclaje, recuperando los materiales ya sea compostando la materia orgánica o con la recuperación de las diferentes fracciones de papel, vidrio, envases, textil, madera, metales, residuos eléctricos y electrónicos etc. Solamente el rechazo, aquello que ya no podemos reutilizar ni reciclar, lo que ahora empieza llamarse la “fracción inevitable” debería ir a la incineración o el vertedero. Un buen sistema de gestión de los recursos que contienen los residuos es aquel que más se aproxima al residuo cero, reduciendo al mínimo el rechazo o fracción inevitable.

Ahora bien, la mejor tecnología para garantizar la máxima eficiencia en el reciclaje y recuperación de materiales, es una buena separación en origen, es decir en nuestros domicilios, comercios y empresas. Una vez mezclados los residuos, la mejor tecnología disponible para su separación y clasificación apenas permite recuperar entre el 5% y el 10% de los materiales.

No es justo que la población próxima a Valdemingómez sufra las consecuencias de una mala gestión de los residuos que producimos toda la población de la ciudad. Pero si queremos disminuir tanto los olores como la posible afectación a la salud como consecuencia de la incineración no hay otro camino que un compromiso de toda la ciudad para reducir, reutilizar y reciclar de manera que el rechazo (todo que ahora tiramos al cubo gris de tapa naranja) se aproxime a cero. Un reto posible y necesario que otras ciudades ya están afrontando con mayor o menor éxito. Un reto que en Madrid necesita de un plazo temporal superior a los dos años que restan para 2020.

La recogida selectiva de materia orgánica, un paso fundamental

El Ayuntamiento de Madrid ha iniciado la recogida de la basura orgánica que se extenderá a toda la ciudad a finales de 2019. Un primer paso fundamental que supone un 37% de los residuos de la ciudad y cerca de la mitad del cubo doméstico. El Área de Medio Ambiente, al frente de la cual está nuestra compañera Inés Sabanés, trabaja para ampliar los puntos limpios, se va a pasar de 149 a 1.000 contenedores para la ropa usada con el nuevo contrato del textil. Y, sobre todo, se trabaja en la elaboración de un Plan de Prevención y Gestión de Residuos ambicioso en los objetivos de prevención, reutilización y reciclaje.

Cerrar la incineradora de Valdemingómez es un objetivo legítimo que compartimos. Pero dejar de quemar y verter los recursos de nuestra basura exige un compromiso para cambiar la cultura, la visión, los hábitos, de toda la ciudad en como separamos, recogemos y tratamos nuestros residuos. Sin este cambio cultural no será posible avanzar en el camino del Residuo Cero y la Economía Circular. Es, por lo tanto, un reto para el Ayuntamiento y para el conjunto de la sociedad madrileña.

 

 

 

 

 

 

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